Réquiem, pro Pater.
“In luce tua lucem inveniemus.”
“En tu Luz encontraremos la Luz”
H.Purcell. (C.1659-1695)
The Queens funeral march
Música para los funerales de la reina María, 1658.
Cristóbal de Morales (c. 1500-1553)
Lectio I: Circumderunt me , a 5v.
Circumdederunt me gemitus mortis,
Me rodearon los gemidos de la muerte,
Dolores inferni circumdederunt me.
Los dolores del infierno me cercaron.
Compuesto hacia 1538–1540, durante la estancia de Morales en Roma como cantor de la Capilla Sixtina, Circumdederunt me pertenece a su Liber Primus Motettorum (publicado en 1543).
Es una de las piezas más sobrecogedoras de su repertorio sacro, concebida para las ceremonias de difuntos o momentos de profunda penitencia litúrgica. Morales, profundamente inmerso en la espiritualidad romana, escribe aquí una música que refleja el peso del dolor humano y la esperanza del alma que busca la luz.
Cristóbal de Morales (c. 1500-1553)
Misa de Réquiem a5v.
Pie Jesu Domine,
Dona eis requiem,
Dona eis requiem sempiternam.
Jesús misericordioso, Señor,
dales el descanso,
dales el descanso eterno.
Aunque la Misa pro Defunctis a 5 voces de Cristóbal de Morales, de la que forma parte el Pie Jesu como final de la sequentia Dies Ire, fue compuesta y publicada en 1544, más de una década antes de la muerte del emperador Carlos V (1558), la obra adquirió una profunda conexión histórica con sus funerales.
Morales fue uno de los compositores españoles más célebres de su tiempo, y su fama se extendía por toda Europa.
En vida del emperador, la música de Morales ya se interpretaba en capillas imperiales y catedrales de los dominios hispánicos.
La Misa de Réquiem a 5 voces, publicada en Roma, fue la primera gran misa fúnebre polifónica española impresa, y circuló rápidamente por todo el Imperio.
Tras la muerte de Carlos V en el Monasterio de Yuste (1558), se celebraron múltiples funerales oficiales en diferentes ciudades del Imperio: Bruselas, Valladolid, Sevilla, Granada, entre otras.
En varias de estas ceremonias, la música utilizada fue precisamente la Misa de Réquiem de Morales.
Documentos y crónicas indican que esta misa fue cantada en los oficios fúnebres de Carlos V en España, muy probablemente en Toledo o Valladolid, sedes principales de las ceremonias imperiales.
Tomás Luis de Victoria (c. 1548-1611)
Lectio II:Taedet animam meam
Taedet animam meam vitae meae,
Estoy hastiado de mi vida,
dimittam adversum me eloquium meum,
dejaré que mi queja se derrame sobre mí,
loquar in amaritudine animae meae.
hablaré en la amargura de mi alma.
Dicam Deo: Noli me condemnare:
Diré a Dios: No me condenes,
indica mihi cur me ita iudices.
muéstrame por qué me juzgas así.
Numquid bonum tibi videtur,
¿Te parece bien,
si calumnieris me et opprimas me,
que me calumnies y me oprimas,
opus manuum tuarum,
la obra de tus manos,
et consilium impiorum adjuves?
y ayudes al consejo de los impíos?
Numquid oculi carnei tibi sunt:
¿Tienes ojos de carne,
aut sicut videt homo, et tu videbis?
o ves como ve el hombre, y tú verás?
Numquid sicut dies hominis dies tui,
¿Son tus días como los días del hombre,
et anni tui sicut humana sunt tempora,
y tus años como los tiempos humanos,
ut quaeras iniquitatem meam,
para que busques mi iniquidad,
et peccatum meum scruteris?
y escrutes mi pecado?
Et scias quia nihil impium fecerim,
Y sabes que no he hecho nada impío,
cum sit nemo qui de manu tua possit eruere.
cuando no hay nadie que pueda librarme de tu mano.
Compuesto y publicado en 1605, este motete forma parte del Officium Defunctorum a 6v. obra maestra de Victoria, dedicada y escrita en memoria de la emperatriz María de Austria, hermana de Felipe II. Aunque originalmente se incluía al final, se interpreta comúnmente al inicio del programa como una introducción solemne.
En este motete, Victoria pone en música la segunda lección de los maitines del Oficio de Difuntos, tomada del Libro de Job. El texto refleja el lamento de Job ante el sufrimiento humano y la aparente indiferencia divina, expresando una profunda angustia existencial. Victoria emplea una textura polifónica rica y expresiva para transmitir esta emoción, utilizando pausas y homorritmos que permiten una clara comprensión del texto.
Misa pro defunctis 4v.
Publicada en Roma en 1583 en el Missarum libri duo y reeditada en 1592 incluyéndose dos responsorios para los maitines de los que se interpretará solamente uno.
La publicación de 1605 en la imprenta real de Madrid,fue dedicada a Margarita hija de la Emperatriz María de Austria, la que profesaba también con ella en el Concento de las Descalzas Reales de Madrid.
Anterior a la conocida obra “Officium defunctorumorum” a 6v.compuesta para los funerales de María de Austria, la Misa pro defunctis de Tomás Luis de Victoria es una de las obras maestras del Renacimiento español. Escrita para cuatro voces, esta misa para difuntos refleja la profunda espiritualidad y la exquisita sensibilidad musical de su autor.
Victoria, sacerdote y compositor de renombre internacional, desarrolló gran parte de su carrera en Roma y luego en España, donde su música fue interpretada en ceremonias solemnes de la corte. Sus misas funerarias, entre ellas la presente obra, acompañaron los ritos de difuntos de la nobleza y de la Casa de Real de Maria de Austria y sus descendientes (en concreto fue dedicada a su hijo el Cardenal Alberto que fue capellán en las Descalzas Reales, Madrid; siendo esta misa parte del ceremonial que vinculaba música, espiritualidad y protocolo en la España del Siglo de Oro.
La obra transmite recogimiento y solemnidad, combinando la polifonía renacentista con una clara expresividad textual. Su escritura modal y el refinado contrapunto hacen de esta misa un ejemplo perdurable de la música sacra contrarreformista española, capaz de conmover tanto al intérprete como al oyente.
Introitus: Réquiem aeterna.
Eterno descanso dales, Señor, y brille para ellos la luz perpetua.
A ti se debe el himno, oh Dios, en Sion, y a ti se cumplirán los votos en Jerusalén.
Escucha mi oración, a ti vendrá toda carne.
Tomás Luis de Victoria transforma el inicio de la Misa de Réquiem en un espacio de paz absoluta.
Las cuatro voces dialogan en equilibrio perfecto, sin artificio ni exceso, elevando una súplica que trasciende el dolor y se convierte en esperanza.
Su música, de luminosa austeridad, parece detener el tiempo: un umbral entre la tierra y la eternidad.
Kyrie
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tras la calma luminosa del Introitus, Victoria introduce el Kyrie con un tono más introspectivo y espiritual.
El diálogo imitativo entre las voces crea una sensación de plegaria colectiva: una súplica que asciende en ondas de pureza, sin dramatismo, pero cargada de emoción interior.
El compositor logra un equilibrio perfecto entre el contrapunto renacentista y la expresión humana más profunda.
Su “Kyrie” no clama, medita; no implora, confía.
Una voz coral que pide piedad con la humildad del alma que busca la luz.
Graduale: Réquiem aeterna.
Concédeles, Señor, el descanso eterno,
y brille para ellos la luz perpetua.
El justo estará en memoria eterna,
no temerá las malas noticias.
En el Graduale, Victoria retoma el texto inicial del Introitus (“Requiem aeternam”) y lo transforma en una plegaria más íntima y serena.
Un momento de quietud y esperanza. Cada línea vocal parece fluir como una oración individual que converge en la fe común del coro.
El verso “In memoria aeterna erit iustus” resplandece con una calma consoladora, evocando la paz del justo ante la eternenidad.
Offertorium: Domine Iesu Christe Rex Gloriae
Señor Jesucristo, Rey de la gloria,
libra las almas de todos los fieles difuntos
de las penas del infierno y del profundo abismo;
líbralas de la boca del león,
no las devore el abismo,
no caigan en la oscuridad;
sino que el portaestandarte San Miguel
las conduzca a la santa luz,
que un día prometiste a Abraham y a su descendencia.
Señor, te ofrecemos sacrificios y oraciones de alabanza:
recíbelos por las almas
de quienes hoy hacemos memoria;
haz, Señor, que pasen de la muerte a la vida.
La luz que prometiste a Abraham y su descendencia.
El Offertorium ocupa un lugar central en la Missa pro defunctis de Victoria: es una plegaria de tránsito, esperanza y redención.
El texto —uno de los más extensos del ordinario del Réquiem— expresa una súplica por las almas de los difuntos, pidiendo su liberación y la guía de San Miguel hacia la “luz santa” prometida a Abraham.
Victoria construye esta sección con gran equilibrio entre la gravedad litúrgica y la belleza melódica. La polifonía, sobria pero de intensa expresividad, alterna momentos de plegaria en imitación con pasajes más silábicos que refuerzan la claridad del texto.
La reiteración de “Quam olim Abrahae promisisti” (la luz prometida a Abraham) cierra la obra con un resplandor de esperanza: una visión luminosa del más allá que sustituye la angustia por la confianza.
Este Offertorium resume el espíritu de toda la misa: la unión entre el dolor humano y la certeza de la luz eterna.
Sanctus & Benedictus.
Santo, Santo, Santo,
Señor Dios de los ejércitos.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en las alturas.
Bendito
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en las alturas.
El triple “Sanctus”, expresado en una textura imitativa y equilibrada, parece abrir el cielo a través de las voces. La pureza de las líneas y el uso del modo dórico crean un ambiente de claridad mística, donde el coro celebra la santidad divina más que lamentar la pérdida.
El “Benedictus” introduce un contraste delicado: una sección más íntima y recogida, como un susurro de esperanza. La repetición de “Hosanna in excelsis” cierra el movimiento con una sensación de plenitud luminosa, anticipando la paz final del Agnus Dei.
En esta sección, Victoria muestra su maestría para transformar la austeridad del rito fúnebre en una experiencia de consuelo espiritual: un canto de alabanza en medio del silencio de la despedida.
Agnus Dei.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
concédeles el descanso.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
concédeles el descanso.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
concédeles el descanso eterno.
El Agnus Dei pone fin a la misa con una sensación de paz definitiva y trascendente.
En este movimiento, Victoria alcanza la máxima pureza de su lenguaje polifónico: líneas sencillas, transparentes, y una armonía que parece detener el tiempo.
Las tres invocaciones al Cordero de Dios avanzan en un proceso de purificación sonora: cada repetición se vuelve más suave, más interior, hasta desembocar en el suspiro final “dona eis requiem sempiternam” —“concédeles el descanso eterno”.
No hay dramatismo ni oscuridad: sólo consuelo, entrega y fe.
Victoria transforma la plegaria litúrgica en un acto de amor universal, donde la música se convierte en una ofrenda de luz.
El Agnus Dei es, en definitiva, es el cierre perfecto de su Missa pro defunctis: una oración suspendida entre la tierra y el cielo, donde la muerte se disuelve en la promesa de la vida eterna.
Comunio: Lux Aeterna
La Communio es el cierre luminoso de la misa.
Después del silencio del Agnus Dei, Victoria ofrece una música de claridad ascendente, en la que el texto “Lux aeterna luceat eis, Domine” —“Brille para ellos la luz eterna, Señor”— se convierte en símbolo de consuelo y redención.
El tono modal y la textura polifónica, serena y transparente, evocan la idea de la eternidad como una luz suave e inagotable. Las voces se mueven con calma, como si se disolvieran en la claridad que evocan las palabras.
Victoria culmina así su Réquiem con un mensaje de esperanza pura: la certeza de la misericordia divina.
La música no termina con un cierre rotundo, sino que se apaga lentamente, como si siguiera resonando más allá del tiempo.
La Communio – Lux aeterna es, en esencia, la promesa de Ad Lucem:
una despedida que no es final, sino tránsito hacia la luz.
ABSOLUTIO
Responsorium: Libera me, Domine, a 4.
(Exequias para el hijo emperatriz María de Austria).
Líbrame, Señor, de la muerte eterna en aquel día tremendo,
cuando el cielo y la tierra sean conmovidos,
cuando vengas a juzgar al mundo por el fuego.
Tiemblo y temo,
cuando llegue el juicio y la ira venidera.
Aquel día, día de ira, de calamidad y miseria,
día grande y muy amarga,
cuando vengas a juzgar al mundo por el fuego.
Concédeles, Señor, el descanso eterno,
y brille para ellos la luz perpetua.
Líbrame, Señor, de la muerte eterna en aquel día tremendo,
cuando vengas a juzgar al mundo por el fuego.
El Libéra me, Dómine se canta en el momento del absoluto, al término de la misa de difuntos, mientras el sacerdote inciensa el féretro.
Es un clamor individual y colectivo por la salvación del alma en el Juicio Final.
El texto procede de antiguas oraciones latinas medievales (ya aparece en el siglo X) y combina imágenes apocalípticas con la súplica confiada de misericordia.
En esta versión, Victoria combina el tono modal austero con momentos de intensidad emocional, especialmente sobre palabras como tremens (temblando) o dies illa (aquel día), creando una atmósfera de temor reverente y esperanza.
“Sálvame, Señor, del miedo, de la muerte eterna y del juicio; acógeme en tu luz.”
Responsorium I: Credo quod redemptor, a 4v.
Credo quod Redemptor meus vivit,
et in novissimo die de terra surrecturus sum;
et in carne mea videbo Deum Salvatorem meum,
quem visurus sum ego ipse,
et oculi mei conspecturi sunt,
et non alius:
reposita est haec spes mea in sinu meo.
Creo que mi Redentor vive,
y que en el último día resucitaré de la tierra;
y en mi carne veré a Dios, mi Salvador,
a quien yo mismo contemplaré,
y mis ojos lo verán,
y no otro;
esta esperanza está guardada en mi corazón.
Alonso Lobo (ca. 1555–1617) fue un destacado compositor renacentista español, conocido por su maestría en la música sacra. Su motete Credo quod Redemptor meus vivit es una obra polifónica a cinco voces basada en un fragmento del Libro de Job (19:25–27), que expresa la esperanza en la resurrección y la vida eterna.
La obra Credo quod Redemptor meus vivit se adapta al contexto de las exequias y el Oficio de Difuntos, especialmente en el Matutinum defunctorum (Oficio de Difuntos). En este contexto, la pieza se interpreta como una afirmación de la fe en la resurrección y la vida eterna, ofreciendo consuelo y esperanza a los dolientes.
El motete, compuesto por Alonso Lobo (ca. 1555–1617), es una de las obras más conmovedoras de la música sacra española del Renacimiento. Basado en un fragmento del Libro de Job (19:25–27), el texto proclama con firmeza la fe en la resurrección y la vida eterna. en mi corazón.”
Alonso Lobo, maestro de capilla en la Catedral de Toledo, cultivó un estilo polifónico de gran delicadeza y espiritualidad, combinando imitación y homofonía para crear un clima de recogimiento. La obra, a cuatro voces, es una afirmación serena y luminosa de la fe ante la muerte.
Durante el reinado de Felipe II, la música sacra desempeñaba un papel central en los ritos litúrgicos y funerarios. Aunque no se conserva evidencia documental específica que confirme la interpretación de este motete en sus funerales, su contenido textual y musical lo hace idóneo para ceremonias de exequias reales. La Catedral de Toledo, como sede de la primada de España y centro de la liturgia más solemne, habría sido un espacio natural para la ejecución de obras de Alonso Lobo en contextos fúnebres reales y de la nobleza.
AD LUCEM
BAJOS
Héctor Tena
Pedro Lozano
TENORES
Miguel Langa
Carmen Lillo
ALTOS
Rosa Mª González
Isabel Gómez
SOPRANOS
Marisa Ladrón de Guevara
DIRECCIÓN
Nacido en Cuenca en el año 2000, inició sus estudios musicales a los siete años en el conservatorio de su ciudad natal. En 2018 finalizó el grado medio en la especialidad de violonchelo y, ese mismo año, se trasladó a Zaragoza para cursar el grado superior en el Conservatorio Superior de Música de Aragón(CSMA). En esta etapa entró en contacto con Elena Ruiz Ortega y Borja Quintas, quienes despertaron en él un profundo interés por la dirección coral.
En 2022 se trasladó a San Sebastián para continuar su formación con Basilio Astúlez. Durante su estancia en el País Vasco ha formado parte de agrupaciones como EHGA, AGA, Akelarre y Suhar, con las que ha actuado en importantes escenarios y obtenido, entre otros, el primer premio en el prestigioso
Certamen Coral Internacional de Tolosa en 2023 con el coro masculino.
Ha ampliado su experiencia trabajando con maestros como Pablo Larraz, Enrique Azurza, Xabier Sarasola, Esteban Urzelai, Jurģis Cābulis y Gary Graden. Como director, ha participado en producciones como La flauta mágica y el Réquiem de Mozart, y desde 2024 está al frente del Grupo Vocal LUT, formado por alumnos de
Musikene y del Coro Joven de Aragón.
Pablo Tena Ladrón de GuevaraTROMBÓN
Carlos Fernández Gómez TROMBÓN
Joaquín San Julián Monte BOMBARDINO
Guillermoq Ballesteros TAMBOR
Agradecimiento especial José Alberto Valenciano, Vanesa Fernández Pinto y Héctor Tena por plasmar en belleza tanto en imagen, escena y diseño gráfico el mensaje íntimo de este concierto.